Eficiencia del riego ante la sequía: Porqué una planta bien nutrida aprovecha mejor cada gota.
04/06/2026 – Divulgación

La tecnología de riego ha avanzado enormemente, pero la última palabra sobre cuánta agua aprovecha realmente un cultivo la tiene la propia planta: su raíz, su nutrición y la vida del suelo que la sostiene.
La agricultura es, con diferencia, el mayor consumidor mundial de agua dulce: representa cerca del 70 % de las extracciones a nivel global, según la FAO. En un escenario de sequías más frecuentes e intensas, cada gota de riego se convierte en un recurso estratégico.
La respuesta más visible ha sido tecnológica. El riego localizado por goteo alcanza eficiencias del 85–90 %, muy por encima de la aspersión o de los sistemas por gravedad. Es un avance extraordinario. Pero la eficiencia del riego no termina en la tubería: una vez que el agua llega a la zona radicular, es el propio cultivo quien decide cuánta aprovecha y cuánta pierde.
La eficiencia no termina en la tubería
Los agrónomos hablan de eficiencia en el uso del agua (WUE, por sus siglas en inglés): los kilos de cosecha por cada litro de agua transpirado. Es un concepto distinto al de la eficiencia del sistema de riego. Podemos llevar el agua hasta la raíz con precisión casi quirúrgica y, aun así, que el cultivo la malgaste si no está en condiciones de gestionarla bien.
Esa gestión depende de tres factores agronómicos: cómo explora el suelo la raíz, cómo regula la planta sus pérdidas de agua por la hoja y cómo de vivo está el suelo que rodea el sistema radicular.
Todo empieza en la raíz
Una planta bien nutrida y estimulada desarrolla un sistema radicular más profundo y ramificado, capaz de explorar más volumen de suelo y acceder al agua que una raíz débil no alcanza. A esa exploración se suma un aliado microscópico: los hongos micorrícicos arbusculares (HMA), que establecen simbiosis con cerca del 80 % de las plantas terrestres. Sus hifas se extienden como una prolongación de la raíz, mejoran la conductividad hidráulica suelo-raíz y refuerzan la estabilidad de los agregados del suelo y su capacidad de retención de agua (revisiones en Journal of Experimental Botany, 2023; Frontiers in Plant Science, 2022). En condiciones de déficit hídrico moderado, la inoculación con micorrizas puede duplicar la biomasa en cultivos como el maíz.
El potasio: El «Grifo» que regula cada hoja
Si la raíz es la entrada del agua, las hojas son la salida. Y ahí, un nutriente marca la diferencia: el potasio. Regula la apertura y el cierre de los estomas, los poros por los que la planta pierde agua mediante la transpiración. Un cultivo bien provisto de potasio mantiene mayor turgencia celular, mejor contenido relativo de agua y una WUE significativamente más alta. La deficiencia, en cambio, descontrola la transpiración y agrava los efectos de la sequía (revisiones en Agronomy, MDPI; Plant Physiology and Biochemistry).
Ajuste osmótico: Mantener el agua dentro
Bajo estrés, las plantas acumulan osmolitos como la prolina o la glicina betaína que reducen el potencial osmótico y les permiten retener agua incluso cuando el suelo empieza a secarse. Es lo que se conoce como ajuste osmótico. Determinados bioestimulantes favorecen este mecanismo, refuerzan los sistemas antioxidantes y ayudan a sostener la fotosíntesis bajo calor y déficit hídrico. En un ensayo de campo con maíz, la aplicación de osmoprotectores permitió reducir el riego en un 20 % amortiguando buena parte de la caída de rendimiento (Agronomy, MDPI, 2022). Una revisión de 25 años de ensayos de campo en trigo confirma mejoras consistentes de WUE y absorción de nutrientes con bioestimulantes (Frontiers in Sustainable Food Systems, 2025).
Un suelo vivo retiene más agua
El tercer factor está bajo nuestros pies. Un suelo con buena estructura, agregados estables y materia orgánica activa retiene más agua disponible y la libera de forma más gradual. La actividad microbiana cohesiona las partículas del suelo, mejora la infiltración y reduce la evaporación. Cuidar la biología del suelo es, en la práctica, ampliar el depósito de agua del que dispone el cultivo entre riego y riego.

